Hotel gastronómico Torre de Galizano

He visitado en varias ocasiones el Hotel Gastronómico Torre de Galizano, un establecimiento que, hasta ahora, siempre había cumplido con las expectativas. Sin embargo, en esta última experiencia, la satisfacción no fue plena. Hubo aciertos, pero también puntos que dejaron que desear.

Como gesto de cortesía, el restaurante nos ofreció unos entrantes que fueron todo un acierto: bien elaborados y de gran calidad, lo que auguraba una velada prometedora.

En los entrantes elegidos, la cecina de vaca resultó ser un producto de gran calidad, con un sabor intenso y bien curado. No ocurrió lo mismo con la paleta ibérica, cuyo carácter se quedó corto; lejos de lo que se espera de un ibérico auténtico, daba la sensación de necesitar un 50 % más de identidad.

El tartar de vaca, por su parte, fue una de las decepciones de la velada. Un sabor plano, falto de matices, que no encontró en la salsa de carabineros el acompañamiento adecuado. Aunque la salsa en sí tenía un buen equilibrio, su combinación con el tartar carecía de sentido gastronómico y no aportaba la armonía esperada.

Pero el mayor motivo de mi visita era el plato principal. En carta se anunciaba una Chuleta de Buey madurada 150 días, pero, al llegar, nos informaron de que no estaba disponible. Como alternativa, se ofrecía un chuletón de Wagyu de su propia ganadería, con 20 días de maduración. El resultado fue decepcionante: un sabor sorprendentemente suave, con una infiltración de grasa excesiva y poco aprovechable, hasta el punto de recordar más a una ternera que a un wagyu bien trabajado. A 70 euros el kilo, la expectativa era considerablemente mayor.

En el apartado de quesos, la selección fue más que acertada, con productos de calidad y bien presentados. Los postres, igualmente, estuvieron a la altura, aportando un buen cierre a la experiencia. Y, como broche final, los pequeños dulces que nos sirvieron con el café fueron realmente espectaculares, dejando un gran sabor de boca.

Un punto a destacar es el servicio y la atención, que siguen siendo impecables. Personal atento, amable y profesional, lo que siempre es un valor añadido. Además, el local mantiene su atractivo: un ambiente tranquilo, cuidado y con encanto.

Conclusión: Volveré en otra ocasión, pues el lugar lo merece. No obstante, espero que la cocina recupere el nivel que en otras visitas me hizo salir plenamente satisfecha.

Hostal Restaurante Conchita

Decepción (espero que temporal) en un clásico de Corconte.

Hay restaurantes que uno visita con la certeza de salir satisfecho. Lugares que han construido su reputación a base de buena cocina y tradición, convirtiéndose en referencias dentro de su entorno. En Corconte, uno de esos restaurantes de toda la vida nos tenía acostumbrados a una experiencia gastronómica impecable. Sin embargo, en nuestra última visita, la sensación fue otra: decepción.
La elección comenzó con una tabla de ibéricos, esperando calidad y sabor. Lo que llegó a la mesa distaba mucho de lo esperado, con productos de calidad baja-media que no hacían justicia al nombre de la selección. Siguieron unas croquetas de rabo de toro, insípidas y carentes de profundidad en su sabor, quizás por eso acompañadas de una salsa alioli que intentaba compensar su falta de carácter.
La ración de morcilla fue correcta, sin defectos, pero tampoco memorable. Un plato que simplemente cumplía sin sorprender. El gran desencanto llegó con la parrillada de carne. Salvo un corte que podría haber sido entrecot, el resto estaba excesivamente hecho, seco, sin jugosidad ni mimo en la preparación.
Tras tantas visitas satisfactorias, nos queda la duda: ¿fue un mal dia, la falta de personal o simplemente un desliz en la cocina?
Lo cierto es que el resultado nos dejó con un sabor amargo, con la esperanza de que solo haya sido un tropiezo en el camino y no un cambio de rumbo definitivo.

Sidreria Ria Ason, Santoña.

La experiencia en este restaurante fue en general agradable, con algunos puntos fuertes, aunque también áreas que podrían mejorarse. Las gambas fueron una excelente elección, sabrosas y en su punto, al igual que las volandeiras, bien cocinadas y llenas de sabor. Los mejillones también destacaron en cuanto a la calidad de la carne, aunque me habría gustado un toque más de picante para realzar su sabor.

La selección de croquetas variadas fue decepcionante por varias razones. Además de resultar bastante sosas y faltas de sabor, una de las croquetas llegó vacía, un error que resulta imperdonable, ya que rompe con las expectativas y resta profesionalismo al servicio. Una revisión en la preparación y el control de calidad de las croquetas haría una gran diferencia en este apartado.

El pulpo llegó algo pasado, con algunas partes quemadas que afectaron tanto su textura como el equilibrio de sabores. Un poco más de atención en la cocción permitiría que este plato clásico destacara como debería.

La parrillada de carne fue otro punto débil: las porciones fueron escasas, la calidad de la carne no estuvo a la altura esperada y algunos cortes llegaron demasiado hechos, perdiendo así su jugosidad y sabor característicos. Una parrillada con más atención a la calidad y a los puntos de cocción mejoraría mucho la experiencia.

En cuanto a los postres, la tarta de queso estuvo aceptable, con buena textura y sabor, aunque sin sorprender. El arroz con leche también tenía un sabor adecuado, pero al estar templado, no resultó tan agradable para mí, ya que prefiero los postres fríos. La torrija, aunque bien de sabor, también se sirvió templada, lo cual no va con mis preferencias personales.

El vino fue un acierto, bien seleccionado y en armonía con los platos. El trato del personal fue excelente: amable, atento y dispuesto a ayudar en todo momento. Sin embargo, el mayor inconveniente fue la ausencia de una parrillada de marisco en el menú. Sorprendió que, en un lugar que ofrece mariscos por ración, esta opción no estuviera disponible, ya que habría sido una gran adición para quienes buscan una experiencia más completa de los sabores del mar.

En conclusión, el restaurante ofrece buenos momentos y una atención destacable, aunque hay margen para mejorar en la preparación de algunos platos y en la oferta del menú. Con ajustes en estos detalles, podrían lograr una experiencia gastronómica mucho más completa y satisfactoria.

Restaurante La Jontana

Buena comida casera en este restaurante situado en uno de los pueblos mas bonitos de Cantabria. Barcena Mayor, pueblo donde se puede comer bien después de hacer una ruta de senderismo.

Alubiones con jabalí, espectaculares.

Embutido de caza bien conocidos de Sierra del Oso.

Solomillo de venado, muy rico.

Chuletas de tudanca, siempre buenas.

El postre … Mouse de crema de orujo, para comer un caldero 😀

Restaurante La Cartería

Menú Degustación Camino Real … homenaje el Sabado .

Disfrutamos de una excelente experiencia gastronómica; lamentablemente, no anoté los nombres de los platos.

A excepción de la ensalada de tomate con sardina ahumada, que era mejorable, los demás platos me parecieron muy correctos.

El steak tartar, sin duda, fue la estrella de la noche. Tuve que pedir un segundo plato para poder repetirlo. Su sabor a carne era excepcional, realzado con un toque de sriracha que le daba el justo nivel de picante, sin que ningún condimento opacara su esencia. Me pareció verdaderamente exquisito.

Buen trato y buen servicio.

En cuanto a lo demás, aquí están las fotos.

La Carteria

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar