Ir a Gamberro, en Zaragoza, es como dejarte liar por un colega que sabes que te va a meter en algún marrón, pero que al final siempre compensa. 17 pases, cero explicaciones, el chef hace lo que le da la gana y tú pagas por dejarte dominar. Y oye, lo disfrutas. Aquí nada es normal:Sigue leyendo «Restaurante Gamberro»