Torre de Sande …

Torre de Sande pertenece al prestigioso grupo Atrio, con el restaurante homónimo de tres estrellas Michelin como buque insignia. Precisamente por ello, uno llega con expectativas altas: un espacio elegante, elaboraciones más sencillas que en Atrio, pero siempre con un estándar de calidad incuestionable.

El entorno es agradable, con un servicio numeroso y un espacio cuidado que, de entrada, prometía. Sin embargo, la primera sorpresa fue comprobar que las únicas sugerencias fuera de carta eran ensaladas. Ningún producto especial, ningún guiño de nivel.

Las ostras cumplieron: frescas, sabrosas, sin más. El jamón fue la primera decepción: no fue el mejor del fin de semana, pero sí el más caro… y además servido en una ración escasa.

El ajoblanco resultó correcto, fresco y ligero. Los langostinos en tempura, en cambio, supusieron otro golpe a las expectativas: uno espera una cobertura crujiente con una salsa bien trabajada, y lo que llega es un cuenco con lechuga y unas bolitas pastosas que, en teoría, escondían langostino. Difícilmente defendible en un restaurante de este grupo.

El steak tartar llegó ya mezclado, plano de sabor, sin picante a pesar de haber preguntado cómo lo queríamos. Además, cortado a máquina en lugar de a cuchillo, lo cual es un error grave en un plato que vive del detalle y la textura. El pan de cristal que lo acompañaba no era tal, sino una baguette tostada muy fina: un gesto que parecía más atajo que propuesta.

La pluma ibérica llegó tan fina que terminó pasada de punto, acompañada de un parmentier correcto y una salsa verde sin definición clara. La pechuga de pato, al menos, estaba en su punto, pero repetía acompañamiento: el mismo parmentier y otra salsa insulsa. Lo más decepcionante fue la presentación: piezas de carne colocadas sin ningún cuidado, sin intención estética. Para un restaurante de este grupo, es un detalle difícil de justificar. El remate fueron unas patatas fritas servidas en un cubo, más propias de una hamburguesería descuidada que de un local que aspira a la élite.

En el apartado dulce, la tarta tatin fue un cierre desafortunado: una base excesivamente recalentada, abrasadora, con una compota de manzana sin matices. Terminó en el plato; lo único que se salvó fue el helado que la acompañaba.

El servicio fue correcto, pero frío, sin dejar huella. Y a todo ello se suma un detalle que descoloca: la oferta de vino por copas. En un restaurante que busca situarse en un nivel alto, esta práctica transmite más la idea de negocio rápido que de experiencia gastronómica.

Por último, la carta en sí misma necesita una reflexión: demasiado escueta, sin apenas descripciones. Cuando las elaboraciones no son especialmente complejas, lo mínimo que se espera es que se detallen ingredientes y conceptos. De haberlo hecho, habría evitado pedir platos que después resultaron decepcionantes, como el supuesto “tempura de langostinos”.

En definitiva, Torre de Sande es un restaurante que parece querer situarse en un nivel alto, pero no alcanza el listón. La falta de detalle en la carta, las presentaciones pobres y errores básicos en la ejecución generan una sensación clara: este no es el nivel que uno espera de un restaurante bajo el sello Atrio. Aquí, la promesa supera con creces a la realidad.

Publicado por rikyphoto

Fotógrafo y critico culinario por afición.

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